Qué nos dice el último IPOM del Banco Central sobre automatización y desempleo en Chile, y qué todavía no muestra
Entre las entrevistas que realizó el Banco Central para su último Informe de Política Monetaria, hay un testimonio que retrata bien lo que está ocurriendo con el empleo en Chile. Un gerente de una empresa con operaciones en varios países explicó que, hace algunos años, un ejecutivo recién egresado atendía unas diez cuentas de clientes. Hoy, en algunos países, atiende cuarenta, porque la mayoría de las consultas las responde un sistema automático. Nadie fue despedido; de hecho, el equipo creció. Sin embargo, con la forma de trabajar de antes, esas cuarenta cuentas habrían requerido cuatro personas.
El caso sintetiza lo que muestran los documentos técnicos que acompañan el informe. En Chile, la automatización está afectando el empleo más por las personas que las empresas dejan de contratar que por las que despiden. Por eso es difícil de ver en las cifras mensuales y fácil de subestimar.
Un desempleo que va más allá del ciclo
Comencemos por las cifras. En comparación con mediados de 2019, hoy hay menos personas trabajando: la tasa de ocupación está 2,1 puntos más abajo, la participación laboral 0,9 puntos más abajo y el desempleo 2 puntos más arriba, sobre 9%. Frente a otros países, Chile estuvo entre los que más empleo perdieron durante la pandemia y entre los que menos lo han recuperado.
Una parte se explica por la debilidad de la economía. El Banco Central acaba de reducir su proyección de crecimiento para este año a un rango de entre 0,25% y 0,75%. Pero no todo es coyuntura. Según sus estimaciones, la tasa de "natural" desempleo, la que tendríamos aun con la economía en condiciones normales, subió entre 1 y 2 puntos en la última década. El desempleo actual se ubica entre medio punto y un punto por encima de ese nivel, y esa diferencia corresponde a la parte cíclica.
Hay, además, un cambio de fondo. Desde fines de 2019, el empleo está sistemáticamente por debajo de lo que históricamente correspondía para el nivel de actividad. Dicho de otro modo, la economía produce lo mismo con menos personas que antes, y eso no se corrige solo con mayor crecimiento.
Dos factores de fondo: el costo de contratar y la automatización
El Banco Central apunta a dos factores persistentes, que probablemente se refuerzan entre sí.
El primero es el costo de contratar. En Chile, el sueldo mínimo equivale a cerca del 70% del sueldo mediano, el que divide en dos mitades a los trabajadores de jornada completa. Eso ubica a Chile en el percentil 91 entre los 33 países del estudio, cuya mediana ronda el 51%. A esa base se sumaron los reajustes desde 2022 y la primera etapa de la ley de 40 horas, en 2024.
El ejercicio del Banco Central es elocuente. Si se considera solo el ciclo económico, el empleo en Chile debería haber subido 0,7 puntos entre 2019 y 2025. En la práctica, cayó 1,5. Al incorporar el costo laboral, el modelo predice una caída de 0,9 puntos, lo que significa que este factor explica más de la mitad de lo ocurrido. El mismo ejercicio aplicado a la crisis de 2009 no muestra un efecto similar.
El segundo factor es qué tan automatizables son los empleos en Chile. Según la medición de la OCDE que utiliza el Banco Central, Chile está entre los países con la fuerza laboral más expuesta: de 30 países, solo cinco aparecen por encima. Esto no se explica porque los trabajadores chilenos tengan un peor desempeño. Casi la mitad de la diferencia (44%) proviene de la estructura productiva, con mucho empleo en agricultura, minería, manufactura y comercio. Otro 40% se debe al tipo de cargos dentro de esos sectores. Solo un 16% tiene relación con las tareas específicas que realiza cada persona.
Ambos factores están conectados. Cuando contratar es cada vez más caro y la tecnología cada vez más barata, las empresas ajustan sus decisiones en consecuencia.
Lo que muestran los datos de 5,5 millones de trabajadores
La parte más sólida del estudio utiliza los registros del seguro de cesantía, que permiten seguir a 5,5 millones de trabajadores formales y 153 mil empresas entre 2022 y 2025.
Quienes en 2022 se desempeñaban en empleos altamente automatizables tenían en 2025 unos 21 puntos menos de probabilidad de mantener un empleo formal que quienes estaban en ocupaciones menos expuestas. Entre los menores de 30 años, la diferencia sube a unos 27 puntos. En las empresas ocurre algo similar: las más expuestas terminaron 2025 con 6,8% menos trabajadores que las menos expuestas, y la distancia aumentó año a año.1
A mi juicio, que los jóvenes sean los más afectados es uno de los hallazgos más relevantes del informe. Volveré sobre este punto al final.
Cómo se manifiesta en la práctica
Para entender qué hay detrás de las cifras, el Banco Central complementó su Informe de Percepciones de Negocios con cerca de 70 entrevistas a empresas, trabajadores y dirigentes sindicales. En ellas aparecen tres formas en que la tecnología está transformando el empleo, que muchas veces conviven en una misma empresa.
Se contrata menos. Es la más extendida. Las empresas crecen sin sumar personal al mismo ritmo, por lo que el efecto no se observa en despidos, sino en vacantes que nunca se abren. Un trabajador de la construcción lo ilustra con cifras: las cuadrillas que antes eran de veinte personas hoy son de nueve o diez.
Algunas funciones desaparecen. Es el efecto más visible y el más duro. En la minería, un camión autónomo reemplaza a los cuatro conductores que se turnaban para operarlo. En una planta de alimentos donde antes trabajaban decenas de panaderos, hoy una sola persona opera las máquinas. Con todo, la mayoría de las empresas que incorporó tecnología declara que su dotación no cambió por esa razón. El saldo es negativo, pero no masivo.
Los trabajos cambian por dentro. El cargo se mantiene, pero se ejerce de otra manera. Un eléctrico que antes medía voltaje hoy necesita entender cómo se comunican las máquinas entre sí. Esto no elimina puestos, pero genera fricciones: cuesta encontrar personas con el nuevo perfil y capacitarlas toma meses.
De las tres, la primera es la que más pesa y la que menos se percibe. Por eso afecta más a quienes buscan su primer empleo que a quienes ya tienen uno.
Una medición pensada para otra tecnología
Hay un aspecto metodológico del estudio que me parece clave. La medida de exposición que utiliza el Banco Central proviene de un estudio de la OCDE de 2018, que a su vez se basa en una evaluación de expertos realizada en 2013 sobre lo que el aprendizaje automático podría llegar a hacer. Esa medición supone que las tareas de análisis, creatividad y relación con personas son difíciles de automatizar. Por eso, según ella, solo el 15% de los profesionales y el 20% de los gerentes están en ocupaciones de alto riesgo, frente a prácticamente la totalidad de los operarios y trabajadores no calificados.
Esa medición describe bien la automatización de la década pasada: robots, sensores y sistemas de gestión. Pero la IA generativa hace precisamente lo que esa metodología consideraba protegido: redactar, analizar y atender clientes.
Las entrevistas ya reflejan esa diferencia. Un gerente señala que el mundo de los negocios, que él esperaba fuera el menos afectado, está siendo muy impactado en los cargos junior, por "agentes de inteligencia artificial que están reemplazando tareas operativas o repetitivas".
La Encuesta de Percepciones de Negocios va en la misma línea. Cerca de cuatro de cada diez empresas que incorporaron tecnología en los últimos cinco años ya utilizan IA, y unas tres de cada cuatro comenzaron a hacerlo en el último año. Después de la robótica, es la tecnología que más reduce la dotación. La diferencia es que la robótica es costosa y pocas empresas la han adoptado, mientras que la IA es barata y se está masificando con rapidez.
El desafío está en las capacidades
Frente a esta evidencia, ni ignorar el fenómeno ni resistirlo parecen opciones viables. La IA ya está presente en las empresas chilenas y seguirá avanzando, porque aumenta la productividad: todas las tecnologías que mide la encuesta mejoran la eficiencia de los trabajadores, y la IA está entre las que más lo hacen. Es difícil que alguna empresa renuncie a esa ganancia. La pregunta, entonces, es cómo incorporarla bien.
En este punto, el informe contiene un dato que ha pasado bastante desapercibido. Cuando se consulta a las empresas por sus principales dificultades para incorporar tecnología, la primera es el costo. La segunda, muy cerca, es la falta de capacidades de su personal. En la contratación ocurre lo mismo: solo la mitad de las empresas que buscaron personal en el último semestre encontró el perfil que necesitaba. El resto contrató a alguien con menor calificación o no logró contratar.
En otras palabras, el principal cuello de botella está en las personas, en buena medida porque seguimos formando para tareas que la tecnología ya está realizando. Cambiar ese foco es una tarea de las empresas, pero también de colegios, institutos y universidades.
En Amplia trabajamos con empresas cuyos equipos se están capacitando para incorporar la IA en su trabajo diario. La evidencia del Banco Central refuerza la premisa con que abordamos ese trabajo: la tecnología rinde cuando las personas saben qué hacer con ella y con el tiempo que les libera.
Tres preguntas para quienes lideran equipos
El informe no entrega recomendaciones a las empresas, pero deja planteadas algunas preguntas que vale la pena hacerse.
¿Estoy evaluando cargos o tareas? El riesgo está en las tareas que componen un cargo, más que en el cargo mismo. Un mismo puesto puede quedar obsoleto o fortalecerse según cómo se rediseñe.
¿Dónde se formarán los futuros profesionales senior? Si la IA asume las tareas con las que los junior aprendían el oficio, el ahorro de hoy puede traducirse en escasez de talento en pocos años. Los menores de 30 son quienes más están pagando el ajuste, y son también la cantera de cualquier organización.
¿Estoy reemplazando o reorganizando? Uno de los casos del informe es el de una minera que, al automatizar su flota de camiones, reconvirtió a los conductores hacia labores de mantención y operación, y retuvo a cerca del 85% de ellos. Ese proceso tomó entre seis meses y un año de capacitación.
Volviendo al caso del ejecutivo de las cuarenta cuentas, su empresa ya resolvió el problema de productividad. Lo que queda pendiente es cómo se formarán las personas que en algunos años tendrán que supervisar esos sistemas, si las tareas con las que antes se aprendía el oficio ya no las realiza nadie.
Una advertencia sobre la lectura. Estos resultados muestran asociaciones, no relaciones causales. Los autores lo señalan de forma explícita: no pueden descartar que otras características de las empresas expliquen parte del patrón. Además, el informe habla de una "reducción cercana al 21%", pero al tratarse de una diferencia de probabilidades lo correcto es leerlo en puntos porcentuales. Aun así, el resultado apunta en la misma dirección en trabajadores y en empresas, con distintas formas de medición y en las entrevistas cualitativas.
Fuentes
- Banco Central de Chile, Informe de Política Monetaria, septiembre 2026, Recuadro I.2, y minutas citadas, en particular "Empleo, actividad, costos laborales y exposición a la automatización" (Albagli et al.).
- Banco Central de Chile, nota de prensa del IPoM de septiembre 2026.
- Banco Central de Chile, Informe de Percepciones de Negocios y Encuesta de Percepciones de Negocios, febrero y agosto de 2026.
- Nedelkoska, L. y Quintini, G. (2018), Automation, Skills Use and Training, OECD Social, Employment and Migration Working Papers N° 202.